Los días se han ido de una forma vertiginosa. No puedo decir que lentos porque ya llegamos hasta aquí, pero tampoco me atrevería a decir que rápidos porque todavía queda mucho qué hacer y mucho qué planear. Será que Dios es grande.
Estuve aislada del Internet por margen de una semana o dos... ahí sí que el tiempo se marchó de una forma difusa, porque era difícil distinguir las horas cuando las pasas buscando formas en las molduras de la pared.
Entre el frío, la gente, las tareas, las salidas, las canciones, los amores y las incontables risas, voy cayendo lentamente en una reconfortante rutina, que conforma una nueva y ajetreada existencia. No quisiera entrar mucho en materia de detalles, porque ello implicaría conectar una parte funcional de mi cerebro donde se archivan los temas de interés, y esto a su vez me haría gastar una cantidad de energía que mejor sería aprovechada si intento usarla para calentar las yemas de mis dedos.
Ocio, árboles sin hojas y mucho tiempo libre que se fue demasiado rápido. Y yo. Eso es lo que hay.
Verbum
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